20 de abril de 2016

LA MALDICIÓN DE MACBETH



LA MALDICIÓN DE MACBETH

Según una antigua superstición teatral llamada "la maldición escocesa", decir el nombre Macbeth dentro de un teatro puede causar un desastre. 

Por esta razón, Macbeth, la tragedia de Shakespeare, ha sido desde hace mucho tiempo considerada una obra maldita.

En el teatro se supone que no se la debe mencionar nunca por su título, salvo si es necesario para un ensayo o una representación. 



Además citarla o nombrar a sus dos personajes protagonistas se considera desastroso. 
Tampoco se debe utilizar  nunca su vestuario, escenografía o atrezo, fuera de la representación en escena.



Las gentes de la escena evitan decir la palabra Macbeth en el teatro, y se refieren a ella como "la obra escocesa" o "la obra del Bardo". 

Estos eufemismos se refieren a que Escocia es el lugar donde transcurre Macbeth y al apodo más frecuente de Shakespeare, conocido popularmente como el Bardo de Avon.

También se usa, "Esa obra", "La innombrable", "El negocio escocés", "La comedia de Glamis", Mackers o MacB como perífrasis o abreviaturas para evitar decir el nombre maldito.

Debido a esta superstición, el personaje protagonista es frecuentemente mencionado como "el Rey escocés" o "el Lord escocés".
Lady Macbeth su esposa por la misma razón es llamada "la dama escocesa". 


En el caso de que alguien pronuncie la palabra prohibida, existe incluso un ritual específico, para limpiar la maldición: salir del teatro, escupir en el suelo, girar sobre sí mismo tres veces y pedir a gritos poder volver a entrar en la sala y decir entonces una cita afortunada de otra obra de Shakespeare como la que dice: "¡Que hermosos pensamientos y horas alegres os acompañen!" de El mercader de Venecia.

Tampoco está claro el origen de la maldición.
Hay quien culpa a Shakespeare, por incluir auténticos conjuros de magia negra y verdaderas maldiciones en el texto. 
Otros dicen que a las brujas reales de la época de William Shakespeare no les gustó el trato recibido en la obra y la maldijeron.



Y los más prácticos esgrimen otro argumento: hay tanta violencia, luchas y armas en ella que no es difícil que surjan accidentes. 
La obra incluye tantas peleas en el escenario con armas peligrosas que, por mucho que sean de atrezo, hacen fácil que en el calor de la representación, se produzcan accidentes y heridas.

Kenneth Branagh es una del las últimas víctimas de la maldición de Macbeth. El actor británico hirió a un miembro del reparto con una espada durante la representación de "La tragedia escocesa" en Manchester en el 2013.
Jason Klarwein como Macbeth en la producción QTC de Michael Attenborough. 

Foto de Rob Maccoll 


La obra arrastra una larga serie de percances que empezaron en el mismo estreno de la obra, en 1606, cuando, según la creencia popular, el actor que interpretaba a Lady Macbeth enfermó repentinamente y murió entre cajas. 
Respecto al hecho de que fuera un actor en un papel femenino, hay que recordar que en el teatro isabelino no se permitía actuar a las mujeres.

El rey Jaime I de Inglaterra la prohibió durante cinco años debido a los conjuros que incluye y  es conocida por sus frecuentes accidentes en el escenario, Macbeth incluso causó alguna revuelta.
En 1848,  en Nueva York se produjo una lucha en el Astor Opera House entre los seguidores de dos actores de producciones rivales de la obra escocesa en la que murieron veintidós personas y hubo más de cien heridos.



En 1947, el actor Harold Norman que decía no creer en la superstición, resultó herido y murió representando una lucha en Macbeth. Ahora se dice que su fantasma aparece los jueves en el Coliseum Theatre en Oldham, donde se representó la fatal escena.

En una producción de 1942, con John Gielgud como Macbeth, tres actores, dos de las brujas y Duncan, murieron y el diseñador de escena se suicidó. 

Hay numerosas historias de actores que cayeron del escenario representando la obra.

In 1948, la actriz Diana Wynyard, representando a Lady Macbeth, declaró abiertamente que no creía en la maldición. 

Al día siguiente, decidió hacer la escena sonámbula con los ojos cerrados para ser más convincente. 

Como resultado de ello cayó al foso de la orquesta desde una altura de cuatro metros y medio. 

No obstante la actriz subió de nuevo al escenario y siguió con la representación. 


Los percances de Macbeth a lo largo de la historia han implicado a actores tan famosos como Laurence Olivier  que se libró por poco de ser aplastado por un peso del escenario que cayó o Charlton Heston que resultó con quemaduras.

Tampoco se salvan de la maldición escocesa las versiones de Macbeth para la gran pantalla.

Orson Welles  filmó la obra en  1946, y exigió que el elenco la representase con acento escocés ya que es, al fin y al cabo, una obra escocesa. 

Desgraciadamente cuando se acabó la película, se vio que los esfuerzos de los actores habían hecho los diálogos enteramente incomprensibles para la audiencia. Así que todo el sonido tuvo que ser grabado de nuevo. 





Aunque algunos directores como el japonés Akira Kurosawa parecen no haber tenido miedo de la famosa maldición ya que  las escenas de armas de Trono de sangre, su versión de Macbeth, se rodaron con armas de verdad, incluyendo las flechas que caen sobre Toshiro Mifune, la tensión  del actor en todo el filme, no es sólo producto de la actuación, también es una emoción real. 

En 1971, Roman Polanski  hizo una versión de Macbeth para el cine y en el primer día de filmación un operador de cámara sufrió un grave accidente. 


El Macbeth de 2015 dirigida por Justin Kurzel y protagonizado por Michael Fassbender tampoco se libró de problemas.






Las anécdotas en el teatro se suceden y mientras que en otras obras son olvidadas, cada nuevo caso en Macbeth es anotado como uno más de la lista de desgracias que la obra escocesa desencadena.
Por otro lado, volviendo al teatro hay que recordar que Macbeth es además la tragedia más corta de Shakespeare y de alguna manera resulta bastante barata de representar. 


Una teoría sugiere que cuando en una compañía las finanzas van mal, es frecuente hacer un montaje de Macbeth ya que la obra tiene fama de que llena los teatros.

Y claro, siempre que se recortan gastos, la seguridad se ve comprometida y los accidentes aumentan. 
Y si finalmente, la compañía fracasa de todas maneras, obviamente es por culpa de la maldición...


Si quieres saber más sobre la maldición de Macbeth, consulta la obra de Richard Huggett, Supernatural on Stage: Ghosts and Superstitions in the Theatre (NY, Taplinger, 1975).